Juré nunca más caerme en las garras de Cupido, juré no dejarme llevar más por los latidos de mi corazón, juré lo injurable simplemente por no volverme a hacer daño.
Su mirada, su tez morena, su calor.. me hicieron caer en la tentación más desenfrenada, bañaron mis labios de la tierna locura de su boca, Cupido bordó en mi piel su nombre buscando que jamás pudiera olvidarme de él.. Triste destino pensé al verlo caminar bajo los brazos de otra mujer, mujer que podría alcanzar la máxima satisfacción cuando él, mi amado, le hiciera soñar entre sus brazos y le susurrara lentamente con sus labios que la amaría cada noche, cada día.. cada ocaso y cada alba.
En mal día pensé quedarme prendida su mirada, en mal día me dejé llevar por la necesidad de probar el riego y mentirle al dios del amor demostrándole que no me aterraban sus decisiones, el cual, como castigo, me encerró en el peor de los amores, el amor prohibido.
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