Jamás olvides que los seres humanos nos sustentamos de pequeños detalles, nos alimentamos de cada rayo de sol que ilumina nuestro camino designándolo como un porque que te ayuda a vivir sin medidas la vida.
Él fue, es y será ese detalle, ese ideal que me mantiene viva, que hace latir desenfrenadamente mi corazón cuando me mira, cuando me regala una de sus sonrisas para que cada día sea el mejor de mi vida.
Todo empezó con una inocente mirada, todo empezó enamorándome locamente de un supuesto amor prohibido, amor que me hizo perder la cordura desde sus inicios y que todavía no me la ha devuelto, dejando guiarme tan solo por los impulsos frenéticos de mi corazón.
He sentido lo impensable, he sonreído sola en mi sofá pensando en que mañana lo vería, en que mañana su mirada se volvería a cruzar con la mía... como el primer día, como el primer día que te caíste a mis pies en aquel pequeño partido de fútbol, en ese que me preocupe tanto por si te habías hecho daño, el primer día que te llame chico... en aquel pequeño momento, en aquel pequeño detalle, en ese rayo de sol.

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